TECHO: contrucciones que cambian la vida

Español, Eventos

Como probablemete ya lo notaron, no he posteado mucho ultimamente por exámenes y actividades. Pero, este fin de semana valio cada segundo. Participé en una organización llamada TECHO, con quienes (80 alumnos de mi colegio) construimos 10 hogares para las familias mas pobres de nuestro estado. 

Mi cuadrilla estaba conformada por mis amigos y dos niñas mas grandes, además de los líderes de grupo. En total eramos 5 mujeres y 5 hombres (y eramos, obviamente el mejor equipo). 

Llegamos a las 8 a.m. el sábado, pusimos los pilotes de la casa, que son lo que la sostendrá durante sus veinte años de exsistencia. Estaba lloviendo y necesitabamos hacer hoyos de cincuenta centimetros, estabamos exahustos. 


Comimos con la familia. Karen, la señora de la casa, nos hizo frijoles con salchicha y arroz. Mientras comiamos, Miguel Ángel, el futuro dueño de la casa, nos conto de su “vida pasada”, como, antes de encontrar a Dios, era un borracho, engañaba a su esposa y en una ocasión mató a un hombre. Me quedé sin palabras. 

 Nos la pasamos increible con los niños; jugamos a la ronda, con carritos de plástico y a “lluvia” de tierra.  


El dia se acabó y estabamos muy cansados, pero muy, muy felices. Dormimos en el edifcio del gobierno, donde cenamos, platicamos y después, desayunamos.

 El dia siguiente fue la parte mas divertida. Martillamos, (si esa palabra existe), el piso, que fue verdaderamente una experiencia padrísima, nos reimos mucho.


 

Luego hicimos las paredes y el techo. Esto fue de las cosas mas interesantes y locas que he hecho en años. 



Comimos, de nuevo, con la familia, y nos hicieron chilly dogs. Luego los niños le pidieron dinero a su mamá, y después de la intervención de sus papá, esta les dio 20 pesos, que creo que, después de ver el rostro de la madre mientras le daba el billete, era mucho dinero para ellos. Después de que los niños regresaron, sin cambio, y con una bolsa llena de comida chatarra, el rostro de Karen parecía como uno de fantasma. Sin embargo, los hijos, de 6 y 2 años de edad, nos ofrecieron papas fritas y galletas a todos, antes de siquiera probarlo. Esa generosidad era simplemente asombrosa para mí.

En el momento en que terminamos la casa y la inauguramos, nos sentimos felices, pero la familia, estaban en otra onda, parecía como si ese fuese el mejor de sus vidas.

Voy a evitar los nombres, por razones de privacidad,  pero cabe mencionar que también aprendí mucho de mis compañeros de equipo.

1. Las niñas pueden ser fuertes y poderosas.

2. Los niños sí piensan que los cachorros son lindos, pero algunos tienen miedo de mostrarlo.

3. Uno puede ser callado, pero tener un corazón alegre.

4. Diversión e inteligencia si van juntos.

5. El sarcasmo es lo mejor

6. Las niñas dulces pueden construir casas

7. No hay nada comparado con el trabajo en equipo

Aprendí que los amigos y la familia son muy, muy importantes y cómo debemos valorar algo tan simple como nuestro piso o que en nuestra casa tengamos agua corriente. SEAMOS AGRADECIDOS, PORQUE HOY ALGUNOS NIÑOS SON FELICES PORQUE CONSIGUIERON UN NUEVO PAR DE ZAPATOS USADOS.

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